El local que no se nos resistió

Por: Lluís Soler Gomis

 

En SoftDoit, hasta el pasado mes de diciembre de 2017, estuvimos 4 años compartiendo local con otra empresa. Un local de escasos 100 metros cuadrados, que al inicio nos fue muy bien, ya que solo estábamos en él Bernat y yo. Pero con el tiempo, la empresa ha ido creciendo y se han incorporado nuevos profesionales.

 

Nuestra oficina de la calle Ramon Miquel I Planas se fue quedando pequeño. Debido a nuestro trabajo, que exige un esfuerzo telefónico importante, sin querer incomodábamos a la empresa con la que compartíamos local. Por eso, durante un tiempo muchos de nosotros nos pasamos al tele-trabajo. Esto provocó una notable desconexión, que nos hizo bajar el nivel de productividad y agilidad que siempre nos había caracterizado. Finalmente, decidimos mudarnos a la calle Duquessa de Orleans 58-60, a escasos 30 metros del local anterior.

 

Siempre había querido el local en el que estamos ahora, pero nunca podía… Esa típica frase de Quiero, pero no puedo… Pues al final SÍ que pudimos.

 

 

Estamos en un local que se caracteriza por sus 3 ventanales enormes de 5 metros de altura y 3 de ancho (midiéndolo a ojo) que iluminan toda la oficina con luz natural ☀.
La luz natural es vida y eso se nota dentro del local. Además, tiene dos plantas: la de abajo de 85,10 metros cuadrados y la de arriba de 69,75 metros cuadrados. Lo que significa que tenemos espacio suficiente para que podamos volver a trabajar todos en la oficina.

 

El traspaso fue relativamente fácil. A nivel de mudanza, al estar a pocos metros del anterior local, fue sencillo. Al ser una empresa sin papeles, solo nos tuvimos que llevar las mesas, las sillas, y unas pizarras blancas. El local estaba listo para recibir gente y, sin tener que hacer obras, eso se agradece muchísimo.

 

Simplemente tuvimos que contratar una empresa para que limpiara a fondo, revisar el aire acondicionado, dar de alta el agua y ¡la luz! Esto sí que fue un drama, lo de la luz fue espectacular. Los de Fecsa-Endesa tardaron 3 semanas en darnos el alta del contador, y como anécdota, se equivocaron de lugar al poner el contador y tuvieron que volver unos días más tarde para ponerlo en el sitio correcto.

 

 

Este nuevo local, junto con la incorporación de los 3 product managers ha supuesto un gran impulso para SoftDoit. El hecho de no tener que compartir local y hacer lo que más nos conviene sin tener que preocuparnos de “molestar” a nadie es muy positivo. Es como cuando has compartido piso con amigos y finalmente te has hecho lo suficiente mayor como para poder independizarte. Esa sensación es la que hemos tenido todos.

 

Aquí os dejamos imágenes del nuevo local, antes de amueblarlo:

 

 

 

 

Como siempre, en SoftDoit tenemos ganas de hacer las cosas bien, ya que eso siempre nos ha recompensando a medio plazo. Por eso, le pedí a una amiga interiorista, Sandra Dachs, fundadora de DS Arquitectes que nos ayudara junto con su colega, Núria Selva.

 

Le dije a Sandra: "quiero unas oficinas como las de Google o Facebook pero con un presupuesto limitadísimo”. Además, tenemos que conseguir que haya sitio para 14 personas. Después de tomar medidas y hacer un encaje de bolillos, nos propuso la siguiente disposición de las mesas y los espacios. En esta organización, asignó un espacio único para mi, así como otras áreas separadas para los product managers, las personas de administración y las de marketing.

 

 

Por otra parte, vamos a darle un toque al local. Mi padre muy generosamente me ha regalado su moto de los años 80, una Montesa, que debo llevar a restaurar. Me hace mucha ilusión poderla “lucir” en nuestro despacho, y creo que le dará ese detalle diferencial. Aunque no tenga que ver con el software, le dará un aire personal a la oficina. 

 

 

El piso de arriba es la zona que estamos acabando de decidir, ya que puede dar mucho juego y es donde realmente podemos hacer algo diferente a unas oficinas clásicas. Nos estamos planteando darle ese toque azul e insertar unas pequeñas gradas para las presentaciones, y hacerlo más distinguido. Además, estamos pensando poner mesas alargadas para las reuniones y, en lugar de sillas, taburetes de color azul.

 

Pero dejando a un lado la parte estética, con el nuevo local hemos conseguido estar más anchos (y a nuestras anchas), con luz natural y con todo el equipo reunido (con la excepción de Eduardo, que vive en Santander).

Estamos cómodos, felices y orgullosos de ocupar el local que se nos resistió durante un tiempo, pero que por fin es nuestro. 

¿Cuál será nuestro próximo reto a nivel de local? 😉


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